Las escuelas católicas educan diversos grupos de estudiantes para integrar comunidades católicas de aprendizaje enfocadas en la persona; proveer excelencia académica a través de programas educacionales infundidos con doctrina católica y enseñanzas sociales; servir y apoyar la sociedad de la comunidad parroquial, cívica y global; graduar estudiantes con pensamiento critico, ciudadanos morales productivos, y líderes espirituales; y reconocer y apreciar a los padres como educadores primarios de sus hijos.
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